La rodilla del saltador, conocida médicamente como tendinitis o tendinosis patelar (o rotuliana), es una lesión por sobreuso que afecta al tendón que conecta la rótula con la tibia. Aunque es famosa entre jugadores de baloncesto y voleibol, puede afectar a cualquiera que realice actividades con saltos o impactos repetitivos.


1. ¿Qué es exactamente?

Es una inflamación o degeneración de las fibras del tendón rotuliano. Este tendón es fundamental para la extensión de la rodilla; cada vez que saltas, corres o simplemente caminas, este tejido soporta una carga enorme. Cuando el estrés supera la capacidad de recuperación del cuerpo, se producen pequeñas desgarros.

2. Síntomas principales

  • Dolor localizado: Generalmente se siente justo debajo de la rótula.
  • Sensibilidad: Dolor al tocar la zona o al presionar el tendón.
  • Dolor progresivo: Suele empezar solo después del ejercicio, pero si no se trata, puede aparecer durante la actividad e incluso al subir escaleras o estar sentado mucho tiempo.
  • Rigidez: Especialmente por las mañanas o tras periodos de inactividad.

3. Fases de la lesión

Los médicos suelen clasificarla en cuatro niveles de gravedad:

  1. Fase 1: Dolor solo después de la actividad intensa.
  2. Fase 2: Dolor al inicio del ejercicio que desaparece al calentar, pero vuelve al terminar.
  3. Fase 3: Dolor prolongado durante y después de la actividad que limita el rendimiento.
  4. Fase 4: Rotura completa del tendón (requiere cirugía).

4. Causas y Factores de Riesgo

  • Sobrecarga repetitiva: Saltar sobre superficies duras frecuentemente.
  • Mala técnica: Aterrizajes bruscos que no distribuyen bien el impacto.
  • Desequilibrios musculares: Cuádriceps o isquiotibiales muy tensos o débiles.
  • Calzado inadecuado: Falta de amortiguación para el tipo de pisada.

5. Tratamiento y Recuperación

El enfoque actual ha pasado del simple «reposo y hielo» a la carga progresiva:

  • Ejercicios Excéntricos: Son el estándar de oro. Consisten en bajar el peso lentamente (por ejemplo, en una sentadilla a una pierna en plano inclinado) para fortalecer el tendón.
  • Fisioterapia:  masajes de descarga y corrección de la biomecánica.
  • Cintas rotulianas: Esas bandas pequeñas que se ponen bajo la rótula ayudan a distribuir la presión sobre el tendón, también conocidas como «menisqueras».
  • Modificación de actividad: No siempre es dejar de entrenar, sino reducir la intensidad para que el dolor no supere un 3 de 10.

En algunos casos seleccionados se puede requerir la cirugía